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Jul

Unas matemáticas para el siglo XXI

luisbalbuenaEl profesor Luis Balbuena, uno de los especialistas de IBERCIENCIA en la enseñanza de la matemática, publicaba en La Opinión de Tenerife este artículo que consideramos muy importante para el enfoque con el debemos mirar la enseñanza de las matemáticas en el VIII CIBEM, Congreso Iberoamericano de Enseñanza de la Matemática, que se celebró del 10 al 14 de julio en Madrid.

En estos tiempos, creo que ya no es necesario dar argumentos a nadie para dejar clara la importancia de las matemáticas tanto en la formación de las personas como de su incidencia en el progreso científico y tecnológico. Esta evidencia se conoce desde hace siglos. En El Quijote, por ejemplo, en el capítulo 18 de la segunda parte, don Quijote explica a don Lorenzo cuáles son las partes de las que se compone la ciencia de la caballería andante. Para el manchego, lógicamente, se trata de una ciencia que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo. Y entonces dice que el que la profesa ha de ser una especie de enciclopedia andante porque ha de ser jurisperito, saber las leyes de la justicia distributiva y conmutativa, ha de ser teólogo, ha de ser médico y principalmente herbolario, ha de ser astrólogo. Esto es lo que dice de las matemáticas: ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad de ellas. Y por si todo eso fuera poco, ha de estar adornado de todas las virtudes teologales...

Me voy a referir, precisamente, a esas matemáticas que cualquier persona, caballero o no, debe aprender en su paso por la Escuela (enseñanza obligatoria), porque le harán falta para desenvolverse por la vida. Sé que es un tema muy complejo como para ser tratado en un artículo. Solo pretendo aportar alguna reflexión. Señalo como punto de partida que no se trata solo de impartir conocimientos matemáticos más o menos enciclopédicos. También es necesario desarrollar el pensamiento matemático, es decir, la forma en que, desde las matemáticas se afronta la resolución de problemas. Y eso porque en casi todas las situaciones que se presentan en nuestra vida cotidiana aparecen problemas de índole muy diverso a cuya solución llegaríamos con más posibilidades de éxito si tenemos desarrolladas nuestras capacidades matemáticas, independientemente de que nuestro nivel de conocimientos sea o no elevado. Cualquier persona que analice su vida del día a día podrá comprobar que hay decisiones que debe tomar y que cuanto más meditadas estén, mejor será la solución que finalmente adopte.

Pero necesariamente hay que explicar contenidos. Es imprescindible construir el edificio del conocimiento matemático desde los primeros contactos con el sistema educativo. Si, porque considero que el conocimiento matemático es un edificio que se construye piedra a piedra desde el principio y si esas piedras no están sólidamente colocadas, más tarde o más temprano, repercutirá de manera negativa en la formación que estamos intentando dar a nuestro alumnado. Es más, me atrevo a afirmar que esa “fobia” o rechazo que muchos estudiantes suelen expresar hacia las matemáticas, tiene su origen en una formación que no ha sido sólida. Es lo que comúnmente se conoce por “no tener base”. Hay ladrillos de ese edificio que faltan o están mal colocados y ello causa desánimo y rechazo porque, además, el sistema les abandona a su suerte. Y digo esto porque, en bastantes casos, esa deficiente formación no es por culpa del alumnado, sino que éste es más bien víctima de un sistema que marca un ritmo y al que no logra seguirlo, en el mejor de los casos, le ofrece alternativas. Afortunadamente, el profesorado, en general, es consciente de esta situación y procura ayudar a aquellos que muestran interés.

No es ninguna novedad decir que el sistema educativo es muy conservador. Le cuesta mucho evolucionar. Me voy a referir solo a dos aspectos que, en mi opinión, están en el núcleo del problema. Y es que el sistema no suele recibir de buen grado los avances y la necesidad de renovar tanto contenidos como métodos. Esta resistencia es otra de las razones por las que el alumnado muestra un cierto desafecto a la disciplina. La considera muy abstracta, alejada de los que son sus intereses inmediatos, que aprenden matemáticas solo para aprender más matemáticas, es decir, una puesta ininterrumpida de esas piedras que nombré antes sin saber muy bien para qué sirven. No es ajena a ese conservadurismo la formación inicial del profesorado.

¿Qué decir de los contenidos? En primer lugar, que deben impartirse de la forma más rigurosa posible siempre acorde con la edad y desarrollo del alumnado. En los últimos tiempos se ha tenido la tendencia a pensar que aquello que “cuesta” aprender, debe eliminarse de los contenidos. No estoy de acuerdo. El profesorado debe buscar metodologías y recursos para que eso pueda llegar al alumnado con garantías de éxito. Precisamente esa búsqueda de soluciones a esas situaciones es uno de los mayores atractivos de la profesión docente. Pero, por otra parte, urge hacer una actualización de los contenidos porque son los mismos desde hace muchos años, más de 50 y no se está teniendo en cuenta la evolución de las tecnologías educativas ni los nuevos temas que permiten solucionar también las nuevas situaciones. Para que no quede esto en una abstracción más, pongo un par de ejemplos aclaratorios.

La presencia irreversible de las calculadoras en el aula no se ha tenido en cuenta a la hora de proponer, por ejemplo, los contenidos de los radicales. Se somete al estudiante una tortura de algoritmos que no tiene ni idea de por qué se utilizan cuando toda esa operatoria la resuelve con mucha más exactitud y sencillez una calculadora que no vale más de 10 euros y que, además, le sirve para, prácticamente, todos los niveles de sus estudios. Otro “martirio”: las fórmulas trigonométricas que relacionan senos, cosenos y tangentes que, si bien en otras épocas tuvieron su utilidad, hoy solo son eso: un martirio. Pero, por otra parte, ¿cómo es posible que el sistema educativo no enseñe una mínima teoría de grafos? ¿Cómo es posible que la calculadora no sea considerada como un material escolar que es necesario enseñar a manejar? Apoyo la “cruzada” OAOA de Toni Martín que persigue ese objetivo, entre otros. Insisto, la no revisión y actualización de los contenidos es una de las razones del rechazo. De todos modos, es fácil deducir que abordar esa situación no es algo barato y, sin duda, ahí está el motivo más poderoso del por qué no se acomete con decisión esa actualización: necesitaría reciclaje del profesorado, medios materiales, cursos, especialistas,... Toda una logística que lo complica de forma imprevisible.

Algo parecido se puede decir en torno a la metodología. No trato de rechazar el método tradicional de enseñar porque casi todos nos hemos formado con él y no nos ha ido mal. Solo que se impone complementarlo con nuevos métodos que tengan en cuenta los poderosos recursos de los que se dispone. Trabajos en proyectos, indagaciones en la red, informes sobre temas, uso de software como GeoGebra, la aparición de impresoras 3D, etc. Lo interesante de esta situación, sin embargo, es que hay un cierto porcentaje del profesorado que ya lo hace y con magníficos resultados, tanto de adquisición de conocimientos como de acercamiento y afección de los estudiantes hacia las matemáticas. En este sentido, debo resaltar el importante papel que juegan entes como la Sociedad Isaac Newton o los Centros de Profesores. Hay que seguir en esa línea pues algo que tengo meridianamente claro es esto: los cambios solo serán efectivos si se consigue la implicación del profesorado.

Luis Balbuena Castellano

Modificado por última vez en Lunes, 17 Julio 2017 12:48

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